Sobre madres, hijos y erizos

Música de hoy: Ludovico Einaudi – Monday

Hace poco leía y comentaba este post de Mónica Lalanda, más conocida por su blog medicoacuadros. Unas semanas más tarde, asistía a las misas aniversario de dos madres muy queridas en mi familia: una que había sido madre de cuatro hijos y otra que nunca fue madre biológica, pero que fue como una segunda madre para mí y que ayudó en mi crianza y crecimiento como persona.

Hace tan sólo unos días, me enteraba de la temprana muerte de la madre de una amiga del colegio a quien apreciaba, después de una larga enfermedad que nadie se merece…

Y pensé en ese vacío que deja una madre y que siempre será imposible de llenar.

Pensé en todas las madres que conocí y que ya no están aquí, y en todos esos hijos que se quedaron con un agujero en el corazón. Pensé en cómo las cosas por desgracia siempre llegan demasiado tarde, y decidí que debía escribirle una carta a mi madre, ya que siempre me he expresado mejor por escrito que en persona.

Resolví escribir un post que le agradeciera todo lo que ha hecho y sigue haciendo por mí todos los días, algo que sin sonar ñoño, diera cuenta de todo lo que me han servido sus enseñanzas.

Así que aquí estoy con su historia. Este es mi homenaje a ella.

Mi madre es una persona normal pero que, a mi modo de ver, no resultó muy convencional para su época.

Nació en San Pedro del Romeral, una de las tres villas pasiegas (Cantabria). Cuando cumplió los dos años, sus padres decidieron irse a otro sitio más adecuado, ya tenían 6 hijos (y después vendría otra más). Aterrizaron por alguna razón en Lamadrid, un bonito pueblo cerca de San Vicente de la Barquera, donde las tareas eran las propias del campo y el cuidado del ganado.

Collage Primeros años

(Por cierto, siempre he dicho que tiene un parecido razonable con Meryl Streep, no sé si soy sólo yo la única que lo ve):

imagesMERYL STREEP

Perfeccionista hasta la obsesión (y con la edad, cada vez más…), resuelta y resolutiva, formó parte de un grupo de teatro en su pueblo (amor al teatro que luego me transmitió), estudió costura (en la escuela la llamaban “la del milímetro”, porque tenía y sigue teniendo un sentido de la distancia excepcional), también peluquería (muchos años más tarde se arrepentiría de no haberse atrevido a montar su propio negocio, dejándose llevar por personas cercanas que le quitaron la idea), y tuvo el valor de irse de España en la época en la que éramos nosotros los inmigrantes.

Collage Teatro 3
En plena actuación
t1
Entre bambalinas – me encanta esta foto

En el año 1973 aterrizó en París con un folio que le mecanografió mi tío jesuita, (el único que sabía francés en la familia) con el esquema más conciso que os hayáis podido imaginar: los números, los días de la semana, los meses del año, unas reglas básicas de pronunciación y gramática francesas y poco más. Y con ese folio amarillo que yo aún he conocido (y del que muestro una copia de parte de él aquí), se lanzó a la aventura de irse a trabajar en un país diferente.

Francés de Tío 1

Francés de Tío 2

Allí conoció la solidaridad desinteresada en forma de amistades españolas que hacían piña y se ayudaban unos a otros, también la de la gente autóctona que respetaba el hecho de que alguien tuviera que dejarlo todo traspasando fronteras y las barreras del idioma en busca de un trabajo, pero también conoció la lucha del desarraigo: con su francés que iba progresando gracias a su buen oído y su esfuerzo, tuvo que poner en su sitio a algún empleador de mucho dinero e influencia porque no le había pagado lo que le correspondía (y tuvo que oír el típico: “¡Es usted una descarada, con todos los empleados que tengo en mi empresa, nadie nunca se ha atrevido a decirme eso!”. Pues bien, ella tuvo la valentía de decírselo.) Como años después me enseñaría a mí: “Hija, ser poco y hacerse menos… de ninguna manera!” o: “Que la gente se piense más lista que tú porque tenga más dinero o porque haya tenido la oportunidad de demostrarlo, no significa que sea más lista!”.

Collage Francia

Mamá en Francia
Años en Francia

Trabajó cuidando niños (tiene especial recuerdo de “el Dicky” al que tanto quería y que tanto la quería a ella) y también en la casa de un famoso actor francés donde estaba muy contenta, pero cuatro años después, cuando llegó el momento de dejarlo, lo hizo. Apostó por volver a España, se casó…

mamc3a1-boda.jpg
El día de su boda
collage bebé
A la derecha, con mis dos madres (mi madre y mi tía)

pero las cosas no salieron tan bien como ella hubiera querido.

Después de siete años de matrimonio y tras mucho sufrimiento, en la primera mitad de los años 80, con una niña de cuatro años y medio y el dolor de que su matrimonio no había podido funcionar, decidió tomar el valiente paso de abandonar el hogar conmigo y hacer algo tabú en una época en la que aún no se habían visto muchas separaciones legales en España, en la que las mujeres que eran infelices en sus matrimonios seguían aguantando por seguir a la sombra económica de aquellos maridos. Hubo muchas que la criticaron, (recuerdo aquellos: “¿tus papás están divorciados?” cada dos por tres a la puerta del colegio, preguntas que mis compañeros no me harían si no se lo hubieran oído a sus padres en casa), pero yo creo que en realidad la gente envidiaba su valentía de romper con todo, con lo establecido. Ella no lo hizo por romper con nada -no tenía ningún concepto feminista en mente- sólo sabía que no podía seguir así, y mucho menos su niña de 4 años, que se estaba convirtiendo en una viejita prematura.

Fueron unos años fastidiados, en los que tuvo que trabajar mucho y estar mucho tiempo fuera de casa para sacarme adelante, y en los que se mantuvo a flote gracias a su perseverancia y a la ayuda de una hermana, que nos abrió las puertas de su casa y ayudó a criarme (mi segunda madre).

Pocas cosas me ha contado de aquella época, de lo que sentía y de lo que vivió; siempre fue terriblemente hermética a la hora de expresarse, o quizás sólo era conmigo para protegerme, pero una de las cosas que me ha contado alguna vez es esta anécdota:

Una vez volvía a casa y yo corrí a su encuentro y comencé a hablarle de algo con mucha ilusión, ya sabemos cómo, en modo “ametralladora” de niño impaciente. Y ella, que llegaba abatida después de una dura jornada limpiando, no pudo contestarme otra cosa que: “¡Ay, Laura! Estoy agotada, ¿no puedes dejarlo para luego?” A lo que yo respondí: “Pero mamá…, ¿cuándo te lo voy a contar, si siempre estás fuera?” – Esto, muchos años más tarde me confesó que se le había quedado grabado de por vida.  A día de hoy yo también lo tengo muy presente, ahora que tengo una niña.

Aprendí en esos primeros años de vida que las cosas cuestan un trabajo, y que hay que cuidar lo que se tiene. Recuerdo cómo reciclábamos los A5 en los que el supermercado más cercano del barrio imprimía su publicidad de buzones: el reverso de todas aquellas hojas que la gente descartaba, a mí me servía para practicar las matemáticas, que tantos dolores de cabeza me daban.

El respeto es otra de las cosas que siempre me inculcó directamente con el ejemplo (la manera más sabia y eficaz de inculcar algo): el no criticar, el no juzgar, el aceptar todas las situaciones ajenas porque desconocemos por lo que están pasando los demás. A pesar de lo dolorosa que puede ser una separación matrimonial, que inicialmente no fue en buenos términos, ella nunca intentó convencerme de que no viera a mi padre, sino todo lo contrario: incluso si a mí no me apetecía ir un fin de semana, era ella quien me animaba a ir de buena gana. Nunca la oí criticarle. Eso la honra y a mí me llena de orgullo. Fue el mejor ejemplo que pude tener.

Y otra de las cosas que me marcó con rotulador indeleble en mi cabecita fue ese profundo concepto de la empatía, la compasión y la ayuda a los demás. Cuidó y acompañó a otros que lo necesitaban sin esperar nada a cambio. Me enseñó a respetar y convivir con la enfermedad mental (tenía otra hermana enferma a la que traía a menudo a casa a quedarse con nosotras), me animaba a que fuera a buscar a mi tía para recuperarla de la frialdad y del surrealismo de aquellos pabellones por los que yo acabé moviéndome con destreza,  y sacarla al mundo exterior, en el que se encontraba en familia. La he visto ser desprendida hasta límites insospechados.

Tras los años más “intensos”, cuando yo ya estaba criada, ella ha buscado la oportunidad de aportar su granito de arena colaborando con distintas ONGs o asociaciones locales de ayuda a inmigrantes, enfermos de VIH y toxicómanos… y siempre que me ha llevado con ella me ha mostrado la gran labor de la gente que trabaja o es voluntaria allí, me ha contado las virtudes de los internos, lo que para mí normalizaba la situación y los humanizaba aún más ante mis ojos, y es que cualquiera de nosotros, sea de la condición social que sea, se puede ver en una situación así, y  todos tenemos algo bueno que nos hace únicos. Toda esta convivencia con personas en condiciones límite te transmite mucho respeto, humildad y agradecimiento por la vida.

En la actualidad sigue haciendo cosas por los demás todos los días, a pequeña escala: visita a personas enfermas, ayuda en la parroquia, si alguien le pide que le haga un arreglo en la ropa lo hace, si tenemos amigos a cenar en casa y se entera siempre se ofrece a cocinarnos algo… Es una madre española de las que se están perdiendo, un clásico en peligro de extinción. Ahí me veo yo, diciéndole que no se implique tanto, pero no es capaz, porque ella es así, es algo que no se cambia.

Mamá y yo

Conmigo… no sabría por dónde empezar: Su vida durante tantos años giró alrededor de mí, obsesionada por sacarme adelante, trabajando fuera e inculcándome valores cristianos y de esfuerzo y lucha. Pasó los mejores años de su vida, su década de los 40, en la que yo estoy a punto de entrar ahora, en un sinvivir por mí. A pesar de todo lo que le costó, fue capaz de apoyarme y dejarme seguir mi sueño de estudiar lo que yo quise en otra ciudad. Cuando le decía que quería trabajar para sufragarme mis estudios porque sabía el esfuerzo que suponía para la economía familiar, me decía que “mi trabajo era estar allí y hacerlo lo mejor posible”. Y, ¡vaya que si lo hice!: nunca en mi vida había sacado tan buenas notas como cuando llegué a la facultad.

Mamá: En todos los momentos clave de mi vida, estuvieras o no de acuerdo, has estado ahí:

Me diste el coraje necesario cuando sufrí acoso por mis compañeras de piso en la universidad y estuve a punto de tirar la toalla y volver a casa con el rabo entre las piernas:  me pediste que relativizara y continuara, y lo que pensé que hacías por ti, después me di cuenta de que lo habías hecho por mí, y te lo agradezco infinitamente, porque la experiencia me hizo más fuerte: seguí siendo yo misma y luchando por lo que quería, y así evité que gente que no merecía la pena me arruinara la carrera que tan bien llevaba y que me apasionaba, y que madurara y saliera fortalecida de la experiencia.

Me apoyaste cuando todo el mundo me llamaba loca por ponerme a hacer una FP después de ser licenciada.

Fuiste a Londres sólo para ayudarme a traer todas las maletas cuando decidí volver a España definitivamente, me apoyaste a pesar de todo cuando decidí irme a vivir con mi novio (ahora marido), pero, sobre todo, rompiste las barreras con mi padre y le hiciste comprender que teníais que llevaros bien porque yo os necesitaba unidos. ¡Chapeau por ti!

Collage Viajes 2

No podré agradecerte lo suficiente todo lo que me has enseñado sobre la vida, y lo que me sigues enseñando cada día. Sé que somos como dos erizos, que no pueden estar separados, pero tampoco demasiado juntos, sé que es una relación tormentosa, sé que nos sacamos mutuamente de nuestras casillas en mil ocasiones y que se nos acaba la paciencia cada vez más pronto, que nos pasamos el día gritándonos, y que muchas veces no nos entendemos (la diferencia de edad es fastidiada), pero también sé que estamos continuamente pendientes y preocupándonos la una por la otra, y que lo que una sufre, a la otra también le duele en su propia carne. Por si no lo sabes ya, eres la voz de mi conciencia, mi base y mi fundamento. Hemos transitado o más bien sobrevivido diferentes épocas duras, pero ahora te toca a ti contar conmigo, espero ser un buen bastón de apoyo.

Meryl Streep siempre me recordará a ti; no sólo físicamente, sino por su buen hacer y por la fuerza que transmite: para mí es la mejor actriz y tú no podrías haber sido mejor madre para mí, con tus virtudes y defectos.

Mamá hoy

Mis fotos favoritas son aquellas en las que sonríes y así quiero recordarte siempre: mujer luchadora, camaleónica, mujer coraje pase lo que pase (si tú estás bien, yo también lo estoy); vamos a disfrutar lo que nos queda y a tomarlo con filosofía, las agujetas por haber reído son las mejores.

Gracias, Mamá. Te quiero mucho.

Brasil

“La gente sólo envejece mentalmente y emocionalmente cuando pierde su curiosidad y su capacidad de amar” – Elsa Punset

 

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