LA LA Land

Música de hoy: “The fools who dream

Para qué nos vamos a engañar: está siendo un año bastante desastroso.  De esos que a veces te apetece cerrar con la esperanza de que el próximo sea mejor, pero no me quejaré por si viene peor, así que “pelillos a la mar” ¡que hoy es mi cumpleaños! y me voy a dar un homenaje a ver si cambia la racha – por eso voy a hablar de musicales, más concretamente de la última peli de este género que he visto, (y que además lleva mis iniciales).

Dicen que hay dos tipos de personas: a las que les gustan los musicales y a las que no, y hay algo de cierto en ello, porque nunca te dejan indiferente.

Hace unos años no me consideraba una “persona de musicales”… Hasta que empecé a verlos e incluso a pagar por verlos en teatro, y después a escucharlos en Spotify. Y la verdad es que he encontrado unas cuantas joyas: Cantando bajo la lluvia, Moulin Rouge, El fantasma de la Ópera, Jesucristo Superstar, West Side Story, Grease, Los Paraguas de Cherburgo, Mary Poppins, Bailando en la Oscuridad, Wicked -no necesariamente en orden de preferencia-. 

Pues bien, hoy me apetece hablar de La La Land.

La primera escena desconcierta un poco, y los diez primeros minutos de película… confieso que no tenía muchas expectativas. Emma Stone de entrada me parecía ñoña y nunca me gustó Ryan Gosling (sé que por decir esto voy a ganar detractores, pero odié El Diario de Noah).

Sonaba todo muy americano, muy cheesy y muy de subida de azúcar. Parecía que todo iba en contra de la película, pero ¡ay! Llegó ese toque mágico, esa mezcla de dos personajes normales, nada glamourosos, con su punto canalla y su sentido del humor, que se topan y se chinchan y que tienen vocación artística: una actúa y el otro toca el piano -y cómo toca-. [En este otro post hablo de cómo el piano es mi flautista de Hammelin particular desde que era pequeña, y casi con absoluta certeza cualquier película en la que un piano sea protagonista ya me tiene cautivada].

En resumen (y perdón por la digresión): éxito seguro, no importa lo chorra que pueda parecer ver a los protagonistas flotando en el planetario a ritmo de vals con ese puntillo “Mary Poppins” que encima te devuelve a la infancia. [Aviso, la siguiente frase es un spoiler, ¡si no has visto la peli pasa al siguiente párrafo directamente!] Porque todo lo que sube baja, y después de haber subido a las nubes viene la realidad.  El hecho de que ella en su felicidad actual se imagine cómo hubiera sido su vida si en el camino hubieran pasado un par de cosas distintas… es un final súper agridulce con el que muchos se pueden sentir identificados. Pedazo de epílogo. Toca la fibra de cualquiera que se haya cuestionado mínimamente su camino en la vida, y creo que eso lo hemos hecho todos alguna vez, por eso creo que conecta con el público.

Identificada con el personaje de Emma Stone (no por cantar bien ni haber cumplido mi sueño americano precisamente) por eso del escribir, del actuar (en mi caso cierta vocación tardía, puesto que nunca me lo había planteado antes debido a mi timidez), de que al principio no le gustara el jazz y luego acabara bailándolo como loca, de plantearme a menudo cuál fue mi camino no tomado “robertfrostiano” o mi particular “oda a un ánfora griega”, sigo escuchando su banda sonora sin cansarme una y otra vez, e incluso he logrado tocar un poquito de “City of Stars” con mi única mano válida al piano (la derecha) logrando contagiar un poquito a mi hija de ese gusto por el instrumento y su música.

Y tú, ¿eres una persona de musicales? Si crees que no lo eres, te invito a ver La La Land y desprenderte de tus prejuicios. Hala, casi nada.

Gracias, Fer, por ser como Ryan Gosling en esta escena y enseñarme a apreciar el jazz 😉 X

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Fernando dice:

    No hay nada malo ni bueno, Ladywriter, por lo menos, eso creo. Trataré de ver la película que recomiendas. Saludos.

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    1. Está claro, Fernando, ya contamos con que toda opinión es subjetiva, influida por los gustos personales. Pero precisamente a lo que intento animar aquí es a que nos abramos y permitamos aparcar prejuicios y valoraciones personales para descubrir cosas nuevas que nos pueden sorprender, aunque inicialmente estén fuera de nuestras preferencias habituales. Creo que es un gran ejercicio de flexibilidad mental y nos ayuda a ser más tolerantes también como personas. Gracias por la reflexión y el comentario como siempre. Un abrazo! Laura

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