La fina línea entre recta y curva

Música de hoy: J. Strauss: Nur Fort Polka Schnell (bis en el Concierto de Año Nuevo de 1998 – Filarmónica de Viena dirigida por Zubin Mehta).

No, no es un post sobre dibujo o matemáticas – Dios me libre- sino sobre qué no hacer como madre para empezar el Año o cómo las cosas se tuercen y se recuperan en cuestión de segundos – un post con tono similar al de la ley de Murphy.

Cielo despejado

Pues nada, ahí estás tú el día de Año Nuevo con los deberes bien hechos: no te has acostado muy tarde, te has levantado a las 9:30, has desayunado tranquilamente y te has duchado y vestido para ir de comida familiar navideña. De hecho los cacharros ya están fregados y el salón recogido, la niña prácticamente con la ropa de salir de casa.

Son las 11:14 am y el tradicional y tan ansiado Concierto de Año Nuevo está a punto de empezar: llevas 365 días esperando este momento especial.

Nubarrones

Y he aquí que dos minutos antes, ponen en la tele un anuncio de una peli de dibujos, de la que tu hija entusiasmada, te empieza a hablar. Pero comienza el concierto e intentas detener la verborrea de tu retoño. Le dices, ya “tensionada” -porque temes el matiz que está tomando el asunto- que te lo cuente luego, porque este concierto solo lo hay hoy y papá y tú queréis escucharlo… pero ella sigue erre que erre, diciendo que “si no luego se me olvidaaaa” y presencias lo que tanto te estabas temiendo: se pone a llorar y a protestar.

Tormenta

En ese momento tu cerebro no está para detenerse a pensar que tu hija ha dormido poco y no puedes saltar a la primera de cambio, pero aunque lo pienses, ya es muy tarde: los nubarrones han desatado la tormenta. Rabieta, gritos… la agarras del brazo y le dices enfadada y de mala manera que si no os deja escuchar se vaya a su cuarto.

enfadada

El enfado desata también el malhumor de tu  marido, quien, presenciándolo todo desde su esquina, te mortifica con su silencio reprochador rematado por una frase lapidaria sobre lo mal que has hecho las cosas.

Ahí está. Se jodió el concierto y la mañana. Vaya manera de entrar en el año: Tu hija de seis años da portazo en su cuarto, sigue llorando, vas para allá y le intentas explicar de nuevo, y de una manera más calmada, que es como si yo me pusiera a hablar y a distraerla en la cabalgata de Reyes, que es un solo día al año y que tiene el resto del día para contarte lo que quiere de la peli de dibujos…, pero ella sigue llorando y ya no atiende a razones: sigue con la técnica del disco rayado de que si no te lo cuenta ahora, su pérdida de memoria típica de los seis años puede provocar una hecatombe en su mundo infantil.

Te das cuenta de que tenías que haber probado la táctica de la empatía mucho antes: ya la has cagado y ahora es tarde, señora…

La coges de la mano y la animas a volver contigo al salón para no perderse el concierto y las bailarinas, pero ella, orgullosa hasta límites insospechados, dice que no segura. Lo dejas por imposible.

Más o menos al tiempo que tu sales del cuarto de la niña, entra tu marido en silencio con cara de pocos amigos. Ahí ya te das cuenta de que la situación se te ha ido de las manos.

Lluvia

Regresas desanimada y con muy pocas expectativas al salón. Por lo menos que alguno de los tres “disfrute” del concierto… ·Disfrutar es una manera de hablar, claro. Porque ya sabes que no lo vas a ver tranquila, así que te sientas al ordenador a escribir este post mientras al menos te deleitas con una buena banda sonora.

Arcoíris

Vas escribiendo y según escribes, llega el momento de lucidez: entiendes que la próxima vez que veas el concierto tranquila probablemente sea cuando tu hija esté de resaca desayunando un chocolate con churros con sus amigos y piensas que, al final, puede que estar en casa a tu lado haciendo ruido no sea tan malo al fin y al cabo.

Y paralelamente a tus pensamientos, como por arte de magia (y después descubres que sin intervención paterna), tu hija regresa al salón sin llorar, y empieza a hablarte como si no hubiera pasado nada. El día te da otra oportunidad: entonces contestas tranquila – ya asumiendo que tendrás que ver el concierto en rtve a la carta si es que lo suben- y dejas incluso que juegue con el matasuegras, que te venda la pulsera de papel que te ha hecho en su tienda imaginaria y que haga lo que buenamente quiera mientras más o menos estéis juntas delante del concierto reconciliadas.

Al rato incluso se une tu marido después del paréntesis.

Sigues escribiendo ya en otra onda más positiva, aunque cada uno estemos haciendo una cosa, y al aparecer los bailarines se te ocurre comentar en bajo, más para ti misma: “mmm, vaya, esta coreografía es demasiado moderna para mí…” a lo que tu hija, que parecía no estar prestando atención, replica: “Pues a otros nos gusta”.

Al final acaba bailando ballet e incluso consiguiendo que su padre baile torpemente con ella al ritmo del siguiente vals y te das cuenta de que es igual que tú en muchas cosas, para bien o para mal…

El día está salvado. Bendito concierto de año nuevo.

Ladywritersdr (Laura)

Foto: Larisa Birta en Unsplash

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