6 hábitos sutiles que sabotean tu felicidad

Música de hoy: Avenged Sevenfold – So far away

Este artículo no es mío, originalmente lo escribió el psicólogo Nick Wignall y me pareció muy interesante. Empecé a compartirlo con algunos de mis contactos, pero algunos tenían la limitación del inglés, así que me decidí a traducirlo para que lo puedan leer sin problema:

Todo el mundo quiere saber qué hacer para ser más feliz.

Buscamos una combinación de lecciones, trucos, inspiración, objetivos, estrategias, “píldoras” o incluso aplicaciones que añadan más felicidad y bienestar a nuestras vidas, pero…

¿Qué pensarías si te digo que encontrar la felicidad va menos sobre añadir y más sobre lo que deberíamos restar?

¿Qué pensarías si te dijera que el modo más inteligente de encontrar la felicidad es centrarte en eliminar las cosas que te hacen infeliz?

En mi trabajo como psicólogo y terapeuta he tenido el privilegio de conocer a gente a nivel profundo para poder ayudarles a detectar lo que les haga felices a largo plazo. Y cuanto más hago esto, más me doy cuenta de que la clave para encontrar la felicidad a menudo no va de tener más, sino menos.

Se trata de descubrir las cosas que te hacen sentir fatal y hacer todo lo posible para eliminarlas.

Y, bastante a menudo, estas cosas que nos hacen sentir mal son hábitos: patrones muy sutiles pero muy poderosos en los que hemos caído -quizás desde la infancia- y que van reconcomiendo la felicidad día a día, mes a mes, año tras año.

Estos son los seis hábitos más comunes que he detectado que sabotean nuestra felicidad, junto con algunos consejos breves para eliminarlos

1. Preocuparte por el futuro y la opinión de los demás sobre ti

Preocuparse es el hábito mental de intentar resolver un problema que, o no puede resolverse, o no es realmente un problema. 

Es fácil caer en ello porque te da la sensación de que eres productivo, de estar haciendo al menos algo. Mantiene a raya ese sentimiento que la mayoría de nosotros odiamos: la impotencia.

Preocuparnos nos crea la ilusión de tener el control. 

Pero la verdad es que a veces estamos indefensos.

 A veces nos pasan cosas malas, dolorosas o que nos dan miedo, y no hay nada que podamos hacer al respecto.

  • Sí, podría pasarte algo terrible, a ti o a tus seres queridos
  • Sí, no le caes bien a todo el mundo

Preocuparse por ello es negar la realidad. Es pedir que todo sea como tú quieres en un intento de controlar lo que está básicamente fuera de tu control. Es dejar que las expectativas te vuelvan loco. 

Shit happens. La gente es gili******s. Preocuparte por ello no va a cambiar las cosas, pero te va a generar mucha ansiedad.

Trabaja para hacerte más consciente de ese hábito tuyo de preocuparte y después cuestiónalo:

  • ¿Estoy resolviendo un problema real de forma productiva, o solo me estoy estrujando la mente de mala manera? 
  • ¿Esa preocupación mía, qué función tiene de verdad? 
  • ¿Qué beneficio me da?

Aprende a aceptar el dolor de lo que es o puede ser y deja ese hábito de preocuparte y de toda la ansiedad que genera.

Señor, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, la valentía para cambiar las que sí puedo cambiar, y la sabiduría para discernir la diferencia.

Reinhold Niebuhr

2. Aislarte cuando te sientes mal

Siempre encuentro algo extraño que mis clientes en la terapia se disculpen cuando rompen a llorar durante las sesiones. ¿Por qué deberías disculparte por sentir y expresar tristeza?

A ver, sé la respuesta: porque socialmente no es aceptable estar triste en público, a menos que sea un funeral, (entonces sí que puedes llorar un poco), pero ¡ni se te ocurra llorar o perder el control fuera de ese contexto! A todos nos ha enseñado desde niños a controlarnos y a ocultar nuestras emociones, porque es “impropio” hacerlo en público.

Y aún así, aunque sé por qué, no dejo de tener ese sentimiento extraño y plantearme por qué nos avergüenzan nuestras emociones e intentamos ocultarlas de los demás, incluso de las personas más cercanas. Como terapeuta, las lágrimas de mis clientes realmente me ayudan; son un signo de que algo sobre lo que estamos hablando es importante y valioso. Eso me facilita mi trabajo porque entiendo mejor a la persona.

Y eso no es solo verdad en el trabajo de terapeuta; es verdad para todos nosotros. Las emociones dolorosas visibles, como la tristeza, el miedo y la frustración, ayudan a señalar a la gente a nuestro alrededor que estamos luchando y que nos vendría bien algo de ayuda o de apoyo. No necesitas estrategias para lidiar con las cosas cuando estás triste, desanimado o te sientes solo, paralizado o indefenso. Necesitas personas, necesitas apoyo, necesitas que alguien te dé un abrazo, que escuche con atención tu historia, o compartir con alguien un bote de helado (o una tableta de chocolate).

Cuando ocultamos nuestro dolor y nos aislamos estamos tirando por la borda el mayor y más potente antidepresivo conocido para el ser humano: el apoyo y el amor de la gente que se preocupa por nosotros, así que, aunque es totalmente natural aislarte cuando estás sufriendo, tienes que tratar de hacer justo lo contrario: intentar pedir ayuda, conectar con los demás.

Somos como islas en el mar, separados en la superficie pero conectados en la profundidad.

William James

3. Callarte y dejarte llevar

Es evidente que a la mayor parte de las personas no les gusta el conflicto, pero simplemente porque la mayoría no sabe que hay una forma correcta de tener un conflicto.

La mayoría de nosotros dudamos si responder y ponernos en nuestro lugar porque tenemos miedo de ser percibidos como agresivos, avasalladores, confabuladores, o incluso maleducados, así que por defecto nos mostramos pasivos, aceptamos, estamos callados y por lo general nos dejamos llevar, (lo que viene a ser un eufemismo de “volverse un felpudo”.)

Pero hay un término medio entre ser un felpudo pasivo y un bully agresivo (o pasivo agresivo): puedes ser asertivo. La asertividad significa ponerte en tu sitio mostrando tus deseos, necesidades y valores. Significa pedir lo que quieres y decir “no” a lo que no quieres de forma clara, honesta y respetuosa.

Y la asertividad es una habilidad que todo el mundo puede aprender.

El camino a una autoestima sana, a la confianza y al respeto por uno mismo es la asertividad a través del deseo de alinear tus acciones con tus valores sin importar las circunstancias.

Mantenerse callado es como un cáncer que va creciendo lentamente: para el alma no hay nada inteligente en no ponerte en tu lugar. No puedes ganar todas las batallas, pero todo el mundo puede al menos saber por lo que luchabas: TÚ.

Shannon L. Alder

4. Discurso interior basura

Todo el mundo se habla interiormente: ese comentario que pulula por tu cabeza sobre cualquier cosa, desde qué zapatos llevar a qué piensa el compañero sobre tu nuevo corte de pelo. Es nuestro narrador interior el que constantemente describe la historia de nuestra vida según se va desarrollando. Por desgracia, muchos no somos muy conscientes de nuestro lenguaje interno y nos hablamos a nosotros mismos de forma totalmente negativa y juiciosa.

Para que te hagas una idea, piensa en esto: si hablaras a los demás en la forma en la que te hablas a ti mismo, probablemente no tendrías amigos, ni trabajo y en cambio sí un montón de denuncias.

La razón por la que tenemos ese discurso interior tan negativo y tan duro es porque de pequeños nos enseñaron que ser duros con nosotros mismos era motivador: la mejor forma de forzarte a ser disciplinado y hacer cosas, pero la verdad es que ese narrador interno no es una fuente de motivación muy buena. Incluso si has sido una persona razonablemente disciplinada y exitosa en sus objetivos, probablemente sea a pesar de ese lenguaje interior negativo, y no gracias a él.

Si discurso interior no es motivador, ¿entonces, para que está? ¡Pues para nada bueno! Pero funcionará para hacerte sentir deprimido, ansioso, culpable crónico y, con el tiempo, indefenso.

Has tenido ese programa de fondo en tu sistema operativo desde que tenías 5 años… puede que sea el momento de una actualización.

Aquel que sea útil, fuerte y feliz debe dejar de ser el receptor pasivo de los pensamientos negativos impuros y miserables (de otros). 

James Allen

5. Intentar gestionar tu estrés

La mayor mentira que nos han colado sobre el estrés crónico es que necesitas aprender a gestionarlo.

¿Por qué es una mentira?

Gestionar el estrés es una solución bastante mala al problema del estrés crónico porque -para resaltar lo que debería ser obvio- ¡tú ya estás estresado!

La gestión del estrés es como una tirita: es tratar los síntomas, (que está bien como último recurso), pero es una estrategia global bastante mala, porque nos distrae de pensar con cuidado en las causas verdaderas de nuestro estrés, los “estresores”. 

El “estresor” es aquello que causa una respuesta de estrés. Si estás continuamente estresado, la solución a largo plazo es arreglar la causa original del estrés (el estresor) y no el sentimiento (la respuesta de estrés). 

Si estás constantemente estresado en el trabajo podrías intentar hacer ejercicios de respiración abdominal o dedicar un tiempo a escribir sobre las cosas por las que estás agradecido y quizás tus niveles de estrés disminuyan un poquito durante un tiempo. Pero eso no va a cambiar el hecho de que eres terrible diciendo “no” y seguirás cogiendo más proyectos y tareas de las que razonablemente puedes manejar. En otras palabras: sentirse estresado en el trabajo es un mensajero, una señal que indica que algo en tu trabajo está mal de raíz. Las técnicas de gestión de estrés como los ejercicios de respiración profunda lo que hacen es matar al mensajero, matar esa señal.

El estrés no es el problema; el problema es el continuo flujo de cosas que generan estrés en tu vida, y eso es lo que te está haciendo sentir mal.

Otra forma de verlo:

La forma en la que pensamos en el estrés crónico es como si vas a urgencias y la única opción de tratamiento es un analgésico: 

  • ¿Te han pegado un tiro? Toma un analgésico.
  • ¿Se te ha roto un brazo? Toma un analgésico.
  • ¿Ataque al corazón? Toma un analgésico…

Por supuesto, con el analgésico puede que te sientas mejor en ese momento, pero no se dirige a la causa del dolor.

No hay nada malo en utilizar técnicas de gestión del estrés tradicionales como la respiración profunda o el mindfulness. El problema es que tendemos a pensar en estrés crónico solo en base a cómo nos sentimos, a esa respuesta a nuestro estrés.

Cuando en realidad la parte más importante de la ecuación es el “estresor” o estresores que están causando ese estrés en primer lugar.

Deja de intentar gestionar tu estrés y empieza a gestionar tus estresores.

Nick Wignall

6. Creer a ciegas en tus propios pensamientos

¿Qué hay de especial en tus pensamientos?

Ahora en serio: ¿por qué le das tanto respeto, autoridad y significado a cualquier cosa que se te pasa por la mente?

Te asaltó la idea de que tu colega piensa que eres un vago… ¿y qué? ¿Significa algo? ¿El hecho de haberlo pensado es suficiente prueba de que es verdad? ¿ Significa que tienes ansiedad social? ¿Es otro signo de que tienes baja autoestima y necesitas ver a un psicólogo inmediatamente? No.

Quizás piensen que eres vago. Pero el hecho de haber pensado en ello tú no lo hace más o menos probable.

Pero claro, si cada vez que pensamientos así te pasan por la mente les das toneladas de atención, les pones gran cantidad de energía mental y los cargas de significado estás animando a tu mente a que siga enviándote mensajes así.

Recuerda: tus pensamientos no son especiales, y muchos de ellos son perjudiciales si mantienes ese hábito de otorgarles siempre tanto respeto y atención.

Es mejor que cultives un sano escepticismo sobre tus pensamientos: aprende a dejarlos estar y serás más feliz.

La primera causa de infelicidad nunca es la situación, sino los pensamientos que tienes sobre ella. Sé consciente de los pensamientos que tienes.

Eckhart Tolle

Todo lo que necesitas saber

Suelta el hábito de preocuparte

Suelta el hábito de aislarte

Suelta el hábito de dejarte llevar

Suelta el hábito de enviarte mensajes basura

Suelta el hábito de gestionar el estrés

Suelta el hábito de darle importancia a todos tus pensamientos

Suelta los hábitos que te hacen infeliz y no tendrás que encontrar la felicidad, ella te encontrará a ti.

Foto: ladywriterSDR

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