Un poco Frida

Ovario poliquístico y tiroides caprichosa de serie,

hernia umbilical tras un parto un tanto infame,

un esguince que acarrea desde sus 19, por ser tan bruta como para andar durante más de una semana como si nada hubiera pasado, aguantando el dolor porque era joven e inconsciente,

una espalda que pocos quisieran:

lordosis rectificada, protusión de disco,

artrosis cervical y contracturas varias desde hace una década, fruto de accidentes aliñados con estrés y un poquito de pimienta,

cadera izquierda medio atropellada… por una moto en Londres hace también unos cuantos años (dicen que el cuerpo tiene memoria y todo resurge),

ahora resulta que también tendinitis de hombros y pectoral acortado.

Ni meditación, ni pilates, ni fisio parecen ayudar…

Sabe que son achaques poco graves, sí, pero vienen con dolor, calambres, miembros dormidos, acompañando largas noches de ausencia de descanso y de dolor: almohada cervical arriba, si quiere tumbarse sobre la espalda, almohada cervical abajo si prefiere de medio lado.

Es igual, en ninguna de las posturas encuentra el reposo que necesita. Y como mañana no es otro día, se levanta con dolor de cabeza, de cuello y de espíritu en general.

Se siente un poco Frida.

Y aún quiere seguir sonriendo, porque en el fondo y detrás de esta pantalla de sucesos, situaciones e historias surrealistas, sigue viendo las cosas en perspectiva: sabe que es muy afortunada por haber nacido en la latitud y altitud donde lo hizo… todo fruto de la casualidad cuántica. Otros no tuvieron ni tendrán tanta suerte.

Estos nombres y apellidos de arriba (C5, C6, LX…) le darían realmente igual,

luce con orgullo las heridas de guerra: las arrugas, las canas, las cicatrices no le importan; son parte de su bagaje, de su historia de vida.

Pero sí le afecta el dolor constante.

Sí le importa que pase el tiempo y las cosas sigan igual,

que el dolor resuene tanto dentro que se olvide de vivir todo lo que le gustaría poder vivir todavía.

Todos los pequeños detalles que aprecia.

Porque no necesita mucho para apreciar.

De hecho sigue apreciando desde el dolor.

Solo que, de un tiempo a esta parte, lleva bastante acumulado y en ocasiones desconecta.

En ocasiones, la mente pesa más que el dolor y entonces el dolor pesa más que todo.

Y sus papeles solo pueden ser dramáticos.

En ocasiones, la mente le juega malas pasadas y simplemente se le olvida apreciar.

¿Seguirá olvidando o recobrará la memoria?

It is no measure of health to be well adjusted to a profoundly sick society

Jiddu Krishnamurti

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