Que aflore lo grande

Música de hoy: Toto | Africa

Dicen que en los momentos duros se muestra la verdadera esencia de las personas, y creo firmemente que es así.

Como nación compuesta por millones de personas, todos los días vemos ejemplos de unas y otras de esas “esencias”, que recorren internet a la misma velocidad que el coronavirus se está expandiendo por nuestro país.

Hay muchas cosas de la situación de crisis actual que me generan frustración, sentimiento de injusticia, desprecio por el género humano y, en (demasiadas) ocasiones, confirman que somos merecedores de nuestra propia extinción, de apagarnos de repente sin dejar huella, porque la única huella que dejamos suele ser la de la destrucción y el egoísmo.

Por poner ejemplos…

Actitudes que me han puesto del hígado en los últimos días

  1. Los que han “aprovechado” la situación para irse de retiro a sus segundas residencias (en el caso de Cantabria, pueblos típicamente turísticos se han llenado como si estuviéramos en verano) y una vez allí algunos incluso han salido con la pretensión de hacer vida normal preguntando por “actividades para sus hijos”.
  2. Los que, ya en estado de alarma, han seguido haciendo vida de cañas como si no pasara nada, y poniendo potencialmente en riesgo a los demás.
  3. Algunos universitarios que han tenido “el valor” de decir delante de una cámara (conscientes de que los iba a ver medio país y sin ningún tipo de pudor), que se iban a dedicar a salir de fiesta
  4. Los políticos, que piensan más en salir en la foto y motivar un titular (“que hablen de mí, aunque sea mal”) sin mirar por el bien de la sociedad, llenos de complejos idiotas cuando su función es la de tomar decisiones y protegernos, en vez de comprometer la salud de millones de personas.

Y hablando de políticos y decisiones pospuestas…

Tu cabeza empieza a girar pensando en las situaciones de riesgo a las que has estado expuesta, -que el día 7 de marzo llevabas a tu hija al parque de columpios, ese bus que has estado cogiendo everyday para ir a la oficina, la gente de tu círculo que ha estado viajando hasta hace dos días, lo mucho que eres de frotarte los ojos o rascarte la cara… que tu madre ha ido contigo en el coche, que tu padre ha estado llevando a la niña al cole todas las mañanas de la manita hasta este mismo viernes… Pues fácilmente puedes entrar en bucle. (Gracias, Señor Presidente y cía).

Y de repente, cuando menos te lo esperas, sucede la magia

Y entonces… ¡magia! Te llega una notificación de WhatsApp. Las redes se convierten en cohetes cargados de verdaderos actos de amor, empatía y solidaridad. Entonces recuperas la esperanza en el género humano y la confianza en que vamos a salir de esta.

Y hago una recopilación para poder acordarme si en algún momento me olvido de todo esto.

Todo el amor que he recibido en las últimas 48 horas

Y luego, más alejado de las cosas prácticas, pero igualmente necesarias por creativas, artísticas, inspiradoras, bondadosas y desinteresadas:

  • Iniciativas virales como #desdemiventana para animar al vecindario
  • Ejemplos inspiradores de vecinos jugando al bingo desde sus balcones, dando recitales o incluso cantando todos juntos
  • Escritos con alma, canciones inspiradoras, creatividad y humor a raudales para hacernos sonreír y reír a carcajadas, una de las mejores medicinas para disminuir el cortisol
  • Agradecimientos a profesionales de la limpieza, trabajadores de supermercados, transportistas, fuerzas de seguridad, y personal sanitario y de protección civil (a los que desde aquí me uno de corazón)

En definitiva, me he encontrado con mucha ayuda al prójimo y concienciación.

Me acuerdo de mi tía, de la que hablaba en este otro post, y de cómo siempre me contaba las dificultades en su vida, las carencias durante y después de la guerra, cómo tuvo que trabajar y ocuparse de la familia desde bien niña… y cómo la ayuda de unos a otros era fundamental.

Hoy la situación es bien distinta a aquella por la que ella tuvo la desgracia de pasar, pero seguimos necesitando de la empatía, la responsabilidad y la ayuda de los demás, de todos. Porque este virus, tan democrático como es, nos amenaza de forma inminente, y esta guerra nuestra actual, la de los 15 días (si es que solo son 15, que lo dudo) la vamos a ganar. La tenemos que ganar.

Porque estos dos últimos días, aplaudiendo desde mi balcón y escuchando el eco inmenso de otros aplausos extraños y conocidos, mirando al cielo y conmoviéndome, pensé, como una vez escribió Antoine de Saint-Exupéry que “lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo”.

De todo lo que he escrito hoy, lo que más me pesa es esto:

Desde los balcones de Italia y España – Por esto se nos debe conocer

Cuidémonos bien para poder cuidar a los demás, con responsabilidad y siendo personas.

Que aprendamos del equilibrio natural y que siga aflorando lo grande que llevamos dentro.

En mi caso, voy a escribir piezas breves todos los días que iré publicando por aquí. No sé lo que saldrá ni si se tendrá que alargar en el tiempo.

Gracias a todos aquellos que lo estáis dando todo por cuidarnos. Gracias.

Imagen: @Keytion en Unsplash

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Shari dice:

    Hay de todo como en botica. Es una frase que me viene a la mente estos días cuando salgo aunque sea 10 minutos a comprar el pan y hoy que tuve que ir al súper ni te cuento. Los hay que nos miramos con resignación e intentando animarnos y después estan los que te miran como si fueras un virus andante y te juzgan de pensamiento y como no les llega eso porque están asustados y enfadados,te lo dicen y de malas maneras, solo falta el que te señalen con el dedo. Realmente son pocos, pero cunden ….. Así que tu sales intentando ser lo más optimista y positivo, crear un buen ambiente y te encuentras a alguien así. Yo no sé vosotros, pero a mí es como si me dieran una patada en el estómago y mandan mi positividad a paseo. Lo que me salva es llegar a mi casa, quien me lo iba a decir, intentar centrarme en mi príncipe y en pasar el día lo mejor posible. Si pudiera pedir un deseo sería que todos aprendieran a vivir,con mayúsculas, y a dejar vivir. Sin respeto no hay relación que pueda funcionar y sin tolerancia mucho menos. Si todos ponemos de nuestra parte, saldremos adelante y más facilmente que con pensamientos y actos individuales. Ánimo y a seguir dando guerra.

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