Lunes 23 | Empezando la segunda semana con surrealismo

Voy con unas métricas surrealistas del lunes de esta segunda semana de confinamiento:

  • Horas de sueño anoche: no más de 5 – en mi línea
  • Dolores: hombro – intenso
  • Hora de comienzo de teletrabajo: 8 am
  • Videollamadas realizadas y/o recibidas: 7 en total, 3 por la mañana de trabajo, y otras tres por la tarde (una de la niña que ya se hace videocalls de Whatsapp a 4 con sus amigas del cole – no somos nadie…) y a punto de hacer la cuarta con mi madre antes de que nos vayamos a la cama
  • Hora a la que he acabado de comer y recoger la cocina: 4 pm
  • Hora a la que me he puesto al día con Whatsapps de la mañana, llamadas a mis padres y corrección de tareas del cole: en torno a las 5 pm
  • Tiempo de ejercicio/aerobic/yoga/pilates: 0 patatero
  • Tiempo de aplausos en el balcón: 5 minutos
  • Veces que mi hija me ha dicho “Mamaaaaá, veeeeen…” esta tarde: ¿unas 500? (perdí la cuenta)
  • Experiencia más surrealista del día: esta se merece otro apartado 👇

Mi experiencia más surrealista del día

Esta tarde entro en una videollamada (voluntaria) con 15 minutos de retraso (básicamente porque se me olvidó; me había enterado esta mañana y no me dio tiempo ni a apuntarlo, porque el día de trabajo ha ido a contrarreloj).

El caso es que me conecto tarde con el ordenador del trabajo, en el que no tengo la cámara habilitada. Me incorporo de forma sigilosa, sin ni siquiera decir un triste “hola” -bastante que he llegado tarde- y me pongo de oyente.

A los dos minutos (como no estoy hablando, solo escuchando), a pesar de estar con los cascos, mi hija no se entera de que estoy en videollamada y me trae un papel con un dibujo. (Estos días me estoy dando cuenta de algo, y es que, a veces con ella es más fácil hacerle caso una décima de segundo, que decirle que estoy trabajando y que se cabree e insista en que la haga caso… y entremos en bucle).

Como hoy ella sabía perfectamente que no estaba en horario de trabajo y que tenía que estar con ella, al traerme el dibujo, algo me hizo clic en la cabeza (llámalo remordimiento), lo miré y le dije con una voz super emocionada: “¡Me encantaaaa…!!!” pero con una voz súper feliz y encantada de la vida.

Nada más pronunciar las palabras, me percato de que el micrófono está encendido.

Cric cric, cric cric.

Inmediatamente silencio el micrófono… y para no ser intrusiva escribo un “sorry!” por el chat.

En mi defensa argumentaré que:

a) siempre este tipo de llamadas las solemos configurar de forma que cuando entres no tengas el micro activado, pero en esta ocasión no había sido así, y no me di cuenta con las prisas

b) el dibujo se merecía un “me encanta” como una casa de grande, ¿o no?

Videollamada-meencanta

Me encanta…

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